Cuando dieron las 12 y comenzó el 1 de enero de este año de Dios que llevamos en curso, una cuñada que tengo decidió encender la cajetilla de 32 “misiles” que zumbaron hacia el cielo y comenzaron a tronar y a destellar su breve luz. Lo hicieron rápido. Al estar viendo los cohetillos estos y ponerle atención a la “tronadera” de cuetes del fondo, típica de nuestra celebración de año nuevo y también de Navidad, no estoy seguro por qué, se me vino a la mente las imágenes de la “Tormenta del Desierto” de 1991. Así se llamaba la operación que terminó con la “Guerra del Golfo”, guerra librada entre Irak y una coalición internacional compuesta por 34 naciones y liderada por, a huevos, Estados Unidos como respuesta a la invasión y anexión forzada del emirato de Kuwait a Irak. El inicio de la guerra comenzó con la invasión iraquí a Kuwait el 2 de agosto de 1990, la cual fue inmediatamente sancionada económicamente por las Naciones Unidas. Las hostilidades comenzaron en enero de 1991, dando como resultado una crucial victoria para las fuerzas de la coalición, lo cual condujo a que las tropas Iraquíes abandonaran Kuwait dejando un saldo muy alto de víctimas humanas. Las principales batallas fueron combates aéreos y terrestres dentro de Irak, Kuwait, y la frontera de Arabia Saudita. La guerra no se expandió fuera de la zona de Irak-Kuwait-Arabia, aunque algunos misiles iraquíes llegaron a ciudades israelíes. Las imágenes que se veían de aquél conflicto a través de la televisión eran impresionantes. En medio de la noche, de la oscuridad, solo se lograba ver una serie de luces y se escuchaban truenos lejanos pero bastante seguidos. Aquellas luces eran el reflejo de los misiles disparados en una serie de bombardeos en los que se utilizaron 100 misiles crucero Tomahawk disparados desde barcos estacionados en aguas del Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Fue una verdadera tormenta en el desierto. Habían transcurrido, más o menos, 3 o 4 meses luego del final de aquélla guerra que cedió el 28 de febrero del “buen año” de 1991. Mi mamá tenía en la mano la boleta de calificaciones color “beige” (en estos días “caqui”) que mostraba solo números negros no menores de 80 puntos. Había satisfacción en su mirada y alegría en mi rostro. Un trimestre después, porque en el Martínez Durán las notas se daban en cada trimestre –si mal no estoy-, no sucedía lo mismo: aparecieron como 3 o 4 números rojos dentro de la libreta de calificaciones. Lo que yo recuerdo de la guerra del Golfo, no lo recuerdo precisamente por las imágenes que se transmitieron a través de la televisión. De hecho, yo no supe cómo se miraban los bombardeos que recordé el 1 de enero de 2008, sino hasta después que me dieron la libreta de calificaciones del primer trimestre, es más, es por eso que en el segundo trimestre ya aparecieron números rojos. La razón es muy sencilla: habíamos descompuesto el viejo televisor RCA en blanco y negro a finales de 1990 y mi papá compró uno nuevo y a colores poco antes de mediados de 1991. ¡Si mi viejo no hubiera comprado ese televisor! …nunca hubiera sabido de la guerra… y nunca hubiera sabido de números rojos mientras estudiaba en el Martínez. Abrazo de colores para tod@s.
Cuando dieron las 12 y comenzó el 1 de enero de este año de Dios que llevamos en curso, una cuñada que tengo decidió encender la cajetilla de 32 “misiles” que zumbaron hacia el cielo y comenzaron a tronar y a destellar su breve luz. Lo hicieron rápido. Al estar viendo los cohetillos estos y ponerle atención a la “tronadera” de cuetes del fondo, típica de nuestra celebración de año nuevo y también de Navidad, no estoy seguro por qué, se me vino a la mente las imágenes de la “Tormenta del Desierto” de 1991. Así se llamaba la operación que terminó con la “Guerra del Golfo”, guerra librada entre Irak y una coalición internacional compuesta por 34 naciones y liderada por, a huevos, Estados Unidos como respuesta a la invasión y anexión forzada del emirato de Kuwait a Irak. El inicio de la guerra comenzó con la invasión iraquí a Kuwait el 2 de agosto de 1990, la cual fue inmediatamente sancionada económicamente por las Naciones Unidas. Las hostilidades comenzaron en enero de 1991, dando como resultado una crucial victoria para las fuerzas de la coalición, lo cual condujo a que las tropas Iraquíes abandonaran Kuwait dejando un saldo muy alto de víctimas humanas. Las principales batallas fueron combates aéreos y terrestres dentro de Irak, Kuwait, y la frontera de Arabia Saudita. La guerra no se expandió fuera de la zona de Irak-Kuwait-Arabia, aunque algunos misiles iraquíes llegaron a ciudades israelíes. Las imágenes que se veían de aquél conflicto a través de la televisión eran impresionantes. En medio de la noche, de la oscuridad, solo se lograba ver una serie de luces y se escuchaban truenos lejanos pero bastante seguidos. Aquellas luces eran el reflejo de los misiles disparados en una serie de bombardeos en los que se utilizaron 100 misiles crucero Tomahawk disparados desde barcos estacionados en aguas del Mar Rojo y el Golfo Pérsico. Fue una verdadera tormenta en el desierto. Habían transcurrido, más o menos, 3 o 4 meses luego del final de aquélla guerra que cedió el 28 de febrero del “buen año” de 1991. Mi mamá tenía en la mano la boleta de calificaciones color “beige” (en estos días “caqui”) que mostraba solo números negros no menores de 80 puntos. Había satisfacción en su mirada y alegría en mi rostro. Un trimestre después, porque en el Martínez Durán las notas se daban en cada trimestre –si mal no estoy-, no sucedía lo mismo: aparecieron como 3 o 4 números rojos dentro de la libreta de calificaciones. Lo que yo recuerdo de la guerra del Golfo, no lo recuerdo precisamente por las imágenes que se transmitieron a través de la televisión. De hecho, yo no supe cómo se miraban los bombardeos que recordé el 1 de enero de 2008, sino hasta después que me dieron la libreta de calificaciones del primer trimestre, es más, es por eso que en el segundo trimestre ya aparecieron números rojos. La razón es muy sencilla: habíamos descompuesto el viejo televisor RCA en blanco y negro a finales de 1990 y mi papá compró uno nuevo y a colores poco antes de mediados de 1991. ¡Si mi viejo no hubiera comprado ese televisor! …nunca hubiera sabido de la guerra… y nunca hubiera sabido de números rojos mientras estudiaba en el Martínez. Abrazo de colores para tod@s.

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MayraC