Cuando todo comenzó.

No recuerdo bien la fecha, pero talvez era enero. Y digo “talvez” porque allá en el Martínez –la Escuela de Aplicación con Orientación Vocacional No. 23 Dr. Carlos Martínez Durán, Avenida Petapa y 32 calle, zona 12- las actividades estudiantiles comenzaban a finales de ese mes o muy a mediados del siguiente, febrero. Razón de más como para no estar contentos y ser la envidia de los amigos de la cuadra –mientras todos habían terminado las vacaciones, nosotros aún gozábamos de las mismas-. Lo que sí sé, y muy bien, es que fue en el “viejo y juvenil” año de 1991. Yo recién terminaba la primaria.

Pasados los trámites correspondientes de inscripción y distribución de grados, los nuevos estudiantes fuimos convocados al, para ese entonces, enormísimo Salón de Usos Múltiples. Todos hacíamos una enorme fila y esperábamos a ver qué pasaba. Claro, no hay que olvidar que todos íbamos con cara de pollitos comprados. Es más, algunos, todavía más osados (o abnegados) aún iban con el uniforme de su colegio o escuela anterior. Creo que nadie tenía todavía el uniforme gris-blanco del Instituto; aunque, para ser honestos, no lo recuerdo bien.

A mi me paso una cosa muy curiosa. Delante de mí estaban dos señoritas. Señoritas para ese entonces, porque por lo menos una de ellas, en los próximos dos años dejaría de serlo.

Recuerdo que ambas eran enormes en comparación mía. ¡Altísimas!. También recuerdo que una, chupándose un bombón, de esos que tenían el chicle de sabores en el centro, tenía el cabello rizado, medio pintado –en esos tiempos aún no conocía yo el calificativo de ‘oxigenado’ para ese tipo de cabello-. La otra, un poco más trigueña. Ambas me veían “hacia abajo”. Yo era demasiado pequeño. No estoy seguro si se reían conmigo o se reían de mí. La trigueña comenzó a platicarme y, ya roto el hielo, la de pelo rizado también lo hizo. Yo, un tímido de primera mano, al principio y apenas y platicaba con ellas, pero después ya platicamos “fluidamente”.

Ellas fueron mis primeras amigas del Martínez Durán. Ni siquiera el mismo tiempo tenía pensado que, tres años después, la trigueña sería la última novia que yo tendría en aquél lugar.

Por si se recuerdan, la colocha era Pati, muy amiga de Mynor Chavez, el primo de Auri -el morenito delgado- que quedó embarazada en el tercero básico y ya no se le volvio a ver más por el instituto -o por lo menos yo ya no la vi- y la trigueña era Elia.

Talvez también recuerden ese día.

Saludos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Wow!!!!!!
Tu memoria es impresionante chico, que super chevere que me lleves tantisisisimos anos atras, ya ni siquiera me recordaba del salon de usos multiples.
Gracias por tomarte el tiempo de refrescarnos la memoria. Por lo menos a mi.
Un besito,
Lilly
Anónimo ha dicho que…
Me gusto mucho recordar tanto de aquellos años maravillosos, es realmente impresionante como dice Lilly.
Esperamos que nos sigas refrescando la memoria Coca.

Bye,

Mayra
Unknown ha dicho que…
Muy bueno, ese día es inolvidable, un nuevo mundo por explorar, para todos nosotros.
Anónimo ha dicho que…
que tal Oscar me alegra saber que andas bien que bueno que recordes aquellos momentos solo se te olvido escribir de nuestro noticiero NOTI-PAJAS jejeje.

y del Negro( digo del Chejo)