A mí me tocó estar en 1º. C. Realmente estaba sorprendido. ¿Cómo no estarlo? Yo estaba acostumbrado a estar en la sección A o en la sección B. ¡¡¿¿PERO EN LA ‘C’??!! ¿A qué estábamos jugando? ¿Acaso era normal tener más de dos secciones?
Pues me fui de espaldas al comprender que no solo había sección C y sección D, ¡TAMBIÉN HABÍA SECCIÓN “I”! ¡NUEVE SECCIONES! ¡Dios mío! Demasiada gente. Por lo menos tuve la fortuna de estar entre las primeras. A lo mejor de algo eso iba a servir.
Recuerdo a algunos de mis primeros amigos: Mynor, justamente, Erick también. Él vivía en Ciudad Real. Ese Erick era bien “buena onda”. Anduvimos juntos un resto de tiempo, claro, mientras duró el primer año nada más porque, después, estuvimos en secciones diferentes y, aunque en el último año estuvimos juntos de nuevo, la cosa ya no era la misma. Es increíble como giraban las vidas en tan pocos años y estando todos en el mismo lugar.
Recuerdo que allí, en 1º C, también estaba Manuela (hoy Carina, ja ja ja). Allí conocí a Adriana y también estaba Jimmy y, si mal no estoy, creo que Delmar también (¿o no?), junto con él también estaba Mario –eterno enamorado de Virginia, nicaragüense y también vecina mía y, después, otra cosa más-. Con Adriana tuve la suerte de tenerla siempre “en la cola”, digo, porque su apellido ‘Morales’ siempre estaba detrás del mío que es ‘Monzón’. Entonces siempre andábamos por las claves 22 o 23, por ahí.
Creo que también estaba Youri, creo que Elia también. En ese año también estuvo conmigo Pati (la colocha embarazada –delgadita ella en ese entonces y con una vocecita bien aguda también-). Maco también estuvo en 1º. C. Y otros tantos que, francamente, no me acuerdo.
Esos años fueron buenos.
Entre nuestros profesores y maestros estaban Mrs. Reyes, la maestra de inglés. Lindísima ella. Alta, blanca, ojos verdes, cabello negro y una camioneta blanca impresionante. También estaba una maestra algo mal encarada de Sociales que no recuerdo el nombre. No sé si para bien o para mal pero fue esta maestra la que, aparte de su clase habitual, tuvo la suerte ser nuestra “maestra guía”. Nadie imaginaba tampoco que, a ésta maestra, le tocaría llevar la carga de un cáncer que le quito el cabello unos años más tarde. Creo que ya murió, aunque mejor si todavía no. También estaba la maestra de Idioma Español. Una gordita ella que no recuerdo el nombre, pero que le encantaba ponernos a leer y hacernos comprobaciones de lectura. Con ella leí por primera vez a José Milla (y me gustó mucho). Ella si ya se murió. También estaba el profesor de física que, no sé por qué, y no me acuerdo, le decían “El Diablo”. Además, estaban todos los profesores de las “áreas”. Éstas eran algo así como las clases de Artes Industriales y Educación para el Hogar. Pero, creo, que todos teníamos que pasar por todas, o casi todas, porque yo recuerdo haber recibido algo de cocina, algo de estética, algo de corte y confección y también Metales, electricidad y Maderas, ésta última en la que yo me pararía quedando, pues, en el 2º año, uno debía escoger una diz que especialización Ocupacional. También estaba la maestra de Artes Plásticas, una gordita muy “fashion” ella. Recuerdo sus mejillas rosadas de tanto rubor y sus pendientes de aros bastante grandes. Con esa maestra “aprendí” a moldear o modelar jabón y convertirlo en la figura que yo quisiera (j aja j aja). No recuerdo, ahora, quién nos daba la clase de matemática, pero sí recuerdo quién nos daba Ciencias Naturales: la famosa pero semi odiada o temida talvez maestra Albamerica. Que nombre ¿no? La maestra más rara que uno pueda tener en la vida. Curiosamente, era de las pocas que le sabía todas las mañas a uno y tenía la virtud de saber ponerlo a uno en ridículo, azareado o, peor aún, humillarlo delante de toda la clase. Decir “viene la Albamerica” era decir “Ahí viene el Diablo” –y no precisamente el profesor de física-. Hubo un tiempo en que, si mal no estoy, se le murió la mamá y nunca se quitó el luto. Es más, yo no la puedo recordar con otro atuendo que no sea de color negro. Tan negro, como la vida que nos hacía llevar en cada una de sus clases. Para mi suerte, le gané el curso en el 1º básico. No sé si viva todavía, supongo que no. Recuerdo a mis maestros ya algo grandes y arrugados, algunos, que, supongo, 15 años ya les habrán caído fuerte.
Ahora el viejo soy yo… y otros que también recuerdan estas cosas conmigo.
Saludos a tod@s.
Pues me fui de espaldas al comprender que no solo había sección C y sección D, ¡TAMBIÉN HABÍA SECCIÓN “I”! ¡NUEVE SECCIONES! ¡Dios mío! Demasiada gente. Por lo menos tuve la fortuna de estar entre las primeras. A lo mejor de algo eso iba a servir.
Recuerdo a algunos de mis primeros amigos: Mynor, justamente, Erick también. Él vivía en Ciudad Real. Ese Erick era bien “buena onda”. Anduvimos juntos un resto de tiempo, claro, mientras duró el primer año nada más porque, después, estuvimos en secciones diferentes y, aunque en el último año estuvimos juntos de nuevo, la cosa ya no era la misma. Es increíble como giraban las vidas en tan pocos años y estando todos en el mismo lugar.
Recuerdo que allí, en 1º C, también estaba Manuela (hoy Carina, ja ja ja). Allí conocí a Adriana y también estaba Jimmy y, si mal no estoy, creo que Delmar también (¿o no?), junto con él también estaba Mario –eterno enamorado de Virginia, nicaragüense y también vecina mía y, después, otra cosa más-. Con Adriana tuve la suerte de tenerla siempre “en la cola”, digo, porque su apellido ‘Morales’ siempre estaba detrás del mío que es ‘Monzón’. Entonces siempre andábamos por las claves 22 o 23, por ahí.
Creo que también estaba Youri, creo que Elia también. En ese año también estuvo conmigo Pati (la colocha embarazada –delgadita ella en ese entonces y con una vocecita bien aguda también-). Maco también estuvo en 1º. C. Y otros tantos que, francamente, no me acuerdo.
Esos años fueron buenos.
Entre nuestros profesores y maestros estaban Mrs. Reyes, la maestra de inglés. Lindísima ella. Alta, blanca, ojos verdes, cabello negro y una camioneta blanca impresionante. También estaba una maestra algo mal encarada de Sociales que no recuerdo el nombre. No sé si para bien o para mal pero fue esta maestra la que, aparte de su clase habitual, tuvo la suerte ser nuestra “maestra guía”. Nadie imaginaba tampoco que, a ésta maestra, le tocaría llevar la carga de un cáncer que le quito el cabello unos años más tarde. Creo que ya murió, aunque mejor si todavía no. También estaba la maestra de Idioma Español. Una gordita ella que no recuerdo el nombre, pero que le encantaba ponernos a leer y hacernos comprobaciones de lectura. Con ella leí por primera vez a José Milla (y me gustó mucho). Ella si ya se murió. También estaba el profesor de física que, no sé por qué, y no me acuerdo, le decían “El Diablo”. Además, estaban todos los profesores de las “áreas”. Éstas eran algo así como las clases de Artes Industriales y Educación para el Hogar. Pero, creo, que todos teníamos que pasar por todas, o casi todas, porque yo recuerdo haber recibido algo de cocina, algo de estética, algo de corte y confección y también Metales, electricidad y Maderas, ésta última en la que yo me pararía quedando, pues, en el 2º año, uno debía escoger una diz que especialización Ocupacional. También estaba la maestra de Artes Plásticas, una gordita muy “fashion” ella. Recuerdo sus mejillas rosadas de tanto rubor y sus pendientes de aros bastante grandes. Con esa maestra “aprendí” a moldear o modelar jabón y convertirlo en la figura que yo quisiera (j aja j aja). No recuerdo, ahora, quién nos daba la clase de matemática, pero sí recuerdo quién nos daba Ciencias Naturales: la famosa pero semi odiada o temida talvez maestra Albamerica. Que nombre ¿no? La maestra más rara que uno pueda tener en la vida. Curiosamente, era de las pocas que le sabía todas las mañas a uno y tenía la virtud de saber ponerlo a uno en ridículo, azareado o, peor aún, humillarlo delante de toda la clase. Decir “viene la Albamerica” era decir “Ahí viene el Diablo” –y no precisamente el profesor de física-. Hubo un tiempo en que, si mal no estoy, se le murió la mamá y nunca se quitó el luto. Es más, yo no la puedo recordar con otro atuendo que no sea de color negro. Tan negro, como la vida que nos hacía llevar en cada una de sus clases. Para mi suerte, le gané el curso en el 1º básico. No sé si viva todavía, supongo que no. Recuerdo a mis maestros ya algo grandes y arrugados, algunos, que, supongo, 15 años ya les habrán caído fuerte.
Ahora el viejo soy yo… y otros que también recuerdan estas cosas conmigo.
Saludos a tod@s.
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