Del amor y esos primeros demonios.

Aparentemente, el amor me llegó temprano.

Desde 1984, si no estoy mal, mi papás nos llevaron, a mis 2 hermanas y a mí, a vivir al recién inaugurado condominio multifamiliar – ¿redundé?- Nimajuyú. Para ese entonces, yo estaba por cumplir los 6 años.
Poco menos de 10 años después de estar viviendo allí, una familia nicaragüense fue a vivir también al condominio. Era la familia “Rodríguez Cruz”. Al igual que la mía, de 5 miembros: los papás, 2 hermanas y 1 varón, pero, a diferencia, el varón en esa familia era el más chico y, en mi caso, yo soy “el mediano”.
Resulta que la hermana mayor, Raquel –me encanta el nombre-, era contemporánea de mi hermana Verónica. La de “en medio”, Virginia, era contemporánea mía, y el pequeño, Jairo, de mi hermana menor Nancy.
La suerte quiso que Virginia comenzara a estudiar en el Martínez Durán el mismo año en que yo debía comenzar a estudiar allí también. Cabe resaltar que mis viejos, perdón, mis papás decidieron inscribirme allí porque ya mi hermana mayor llevaba 2 años estudiando en el lugar. A pesar de ser vecinos ya de algunos años, no mucho nos hablábamos con Virginia, sino solo al estar juntos en el instituto y es que, quiso la suerte también, que ambos estuviéramos en el mismo salón de clases (en 1º C).
No sé por qué, de veras que no sé, la “ishta” ésta me llamó la atención –lo juro, no sé por qué-. En su casa la cuidaban mucho. Era muy enojada -¡suerte la mía que no se me quita!- y bastante recatada, claro, era evangélica (aunque si hubiera sido católica hubiera sido la misma historia).

Recuerdo que, a lo largo de una o dos semanas, comencé como a cortejarla ¿no?: platicar más con ella, averiguar un par de cosas más de ella, hablarle más en la colonia, etc. Era bárbaro porque, si bien las clases habían comenzado por ahí por febrero, ya en marzo andaba yo siguiéndole la cola a la patoja. ¿Y cuál era la prisa pues? A saber. Lo cierto es que, una mañana, antes de una clase de educación física con el Diablo, el maestro pues, yo andaba mucho con Adriana para que me ayudara, y es que Adriana y la Vicki (así le decía ya) andaban juntas por aquél entonces. Entonces yo andaba haciendo de Adriana mi cómplice para ver como le podía “caer” a la otra.
Entonces, antes de la clase de educación Física le dije a Adriana… no me acuerdo qué le dije pero creo que la mandé a que le preguntara a la Vicky si -lo de siempre, maldita sea- “quería ser mi novia” (¿Por qué uno tiene o tenía que hacer siempre esa pregunta estúpida?). ¿Qué fue lo que me respondió?
¡Pues también la cagada de siempre, claro! “Lo voy a pensar”. Por lo menos, me dio menos tiempo que “el de costumbre” pues me aseguraba que después de la clase de física tendría la respuesta.

Bueno, ya, a tener paciencia, creo que para eso si era medio bueno, para tener paciencia.

Entonces comenzamos la clase de física. Lo de siempre ¿no? A correr, correr y correr y darle no sé cuántas vueltas a las dos canchas de basket y, a veces, llegar a las de voley. No recuerdo cuántas vueltas eran, pero lo que sí recuerdo, es que Marco Alfaro siempre iba, o adelante o en medio del grupo, pero siempre iba cantando y gritando: “¡¿Listos para la montañaaaaaaa?! Y todos habíamos aprendido a contestar: ¡¡KAIBIL!” Y viene Maco de regreso: “¡La montaña es nuestro retooooo!” Y, otra vez todos: “¡KAIBIL!”. Y viene Maco otra vez, esa no la recuerdo bien pero creo que decía: “¡Cuatro hombres como sapo!” Y otra vez nosotros “¡KAIBIL!”… Pobres nosotros. Imitando ingenuamente a los peores soldados que ha malparido la Patria solo para acabar con sus paisanos hermanos. En ese entonces aún Guatemala vivía los peores y más crudos años del conflicto armado. ¿Pero qué íbamos a saber de eso nosotros? Es más ¿Qué nos iba eso a importar? Solo la pasábamos bien y eso, al fin de cuentas, era lo que a nosotros nos importaba.

Terminada la clase de física, todos sudorosos y medio cansados –pero alegres, claro- fuimos de regreso a los vestidores. Por cierto que era una maravilla eso de los vestidores. Ya no solo era de ponerte una pantaloneta debajo del pantalón y esperar que llegara la hora de física y guardar el pantalón, sino que era de ir y cambiarte completamente en los vestidores. “¡Que caquero!” pensaba yo. Se pasaban buenas charadas en los vestidores también. Otro día les contaré la evolución del “Quelito”, el Rogelio, otro gran camarada que ahora se me vino a la memoria.

Pues, vamos, que la nena esta me tenía esperando ¿no? Me cambie rápido para saber la respuesta que, ya para esas horas, el último periodo, me tenía ansioso.

Yo creo que ese día, o fue martes o fue jueves. Ese día también tuvimos clase de Artes Plásticas y andábamos llevando nuestro ¿cómo se llamaba? El “chunche” ese donde teníamos que meter aquéllos grandes formatos. ¿Porta formatos? ¿no? Pues no me acuerdo ahora. También llevábamos allí la Regla “T”.

Pues, que la “méndiga” esta (ja ja ja) ya se había adelantado, es decir, ya había salido del instituto, se había ido por las gradas aquéllas que separaban el Instituto del EFPEM, las del muro. Entonces, yo que salgo corriendo detrás de ella y gritándole: “¡Eh! ¡Vicky! Espéreme!!! (Ah, es que para ese entonces yo no tuteaba mucho, j eje) Y viene la otra a hacerla cansada:

La alcanzo y le pregunto: -¿y entonces qué?
-¿qué de qué?
-¿Qué? ¿No le dijeron pues?
-¿Qué cosa?
-¡Ay no se haga hombre!
-ja ja jaj a.
-¿Entonces?
-¡Mejor apúrese!
-¡No hombre! ¡En serio! ¿No quiere?
-(sonrisa) ¡Bien hombre! ¡Apúrese y nos vamos!

JA JA JA JA!!!! BIEN!!!! Allí estaba yo que no cabía de la alegría. Y nos fuimos agarraditos de la mano y, en el primer árbol que encontramos, nos dimos un beso de esos que solo salen en las telenovelas que pasan en las horas más oscuras de la noche… J AJ JA JA JA JA. Son mentiras, nos fuimos juntos, cada quien cargando sus cosas y esperando el ruletero “Venezuela” que nos iba a llevar a casa.

Virginia y yo duramos más o menos tres meses. El 3 de junio de 1991, ella cumplía 13 años. Al día siguiente, se la llevaron de regreso a Nicaragua. Nunca la ví desde entonces. Supongo que ha de ser ahora una mujer muy feliz. Bueno, yo espero que sí. Nunca nos besamos, exceptuando una vez que se despidió de besito en le majilla con Mario, su eterno enamorado –al que nunca le hizo caso, claro- y yo le “reclamé” que no me había besado a mí y entonces decidió ella darme un beso muy bonito en la mejilla –que le costo mucho, por cierto-. Fue la única vez. Apenas y se animaba a irse conmigo de la mano. Lo último que hizo fue escribirme una notita donde, en lo que recuerdo, decía algo como:

“amor mío ¿por qué yo nací?
Amor mío ¿por qué te quiero tanto así?
Amor mío ¿por qué te conocí?
…no eras para mí.


Y otras cosas más que decía en donde se despedía y me pedía que no la recordara más (supuestamente para que yo no sufriera).

Les mandaría la única foto que tenía de la niña, con todo y la notita, pero resulta que, en 2000, yo creía que me iba a quedar con una mi cobanerita y quemé todo papel que tenía de amores pasados.

El viento abrazó las cenizas de mis amores escondidos… y de la Vicky también.



Los quiero a tod@s.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que barbaro! Como puedes recordarte de tantas cosas.
Na' yo creo que cuando el amor llega a esa edad es algo que nunk se olvida, todo es tan bello entonces, no tienes de que preocuparte y un beso te hace la persona mas feliz del mundo.
Q' triste que la chik se haya ido, como asi que quemaste tus recuerdos? Nunk dejes que nadie los invada de esa manera, como dice la cancion de Daddy Yankee, lo que paso, paso, si o no? Lo del pasado alli debe quedarse y nadie debe invadirtelo, es muy tuyo mi amor!
Me encantan tus historias.