Los Nazarenos.

Nazarenos españoles. Similares a los que describe Jose Milla en su obra de 1867

Bueno, ¡las benditas comprobaciones de lectura! A la “seño” Etelvina se le ocurrió ponernos a leer. Algo que no hacíamos muchos, por cierto – talvez no pasábamos, en ese entonces (y por lo menos yo) de la “revista chicos”-. Pues se le ocurre ponernos a leer “Los Nazarenos”. ¿Alguien se acuerda de la historia de los Nazarenos? La historia de una comunidad secreta conformada por individuos de todas las clases sociales de la Guatemala de antaño, cuando la capital estaba asentada en lo que hoy conocemos como Antigua Guatemala (¿verdad que dan ganas de tomarse un par de cervezas cuando uno dice “Antigua”?). Es una novela ambientada en el siglo XVII, pero escrita en 1867, por Pepe Milla.

Pues ¡la mendiga novela era como así de grueso!! Bueno, perdón, pensé que me estaban viendo. Pues tenía demasiadas páginas. Solo de verla no daban ganas de leerla. Sin embargo, la historia era muy buena, tanto, que yo la leí como dos veces. Me aprendí de memoria los personajes, las situaciones, los secretos, las tramas, las intrigas, las palabras de los protagonistas, los pasadizos secretos… ¡Todo! Me recuerdo todavía de la "clave" que utilizaban los Nazarenos para identificarse, que, por cierto, fué una de las preguntas del examen: Uno decía "Malo mori" y el otro contestaba "Quam Foedari". Eso significa: "Mejor morir, que perder el Honor"... o algo por el estilo.

¡Pues no estuvo mal! Cuando nos hicieron la comprobación de lectura, la primera que yo conocía a lo largo de mi “carrera escolar”, comencé a leer las preguntas, no sé por qué, pero recuerdo que fue la primera vez que le hice caso a la maestra cuando nos sugirió que, antes de contestar, leyéramos primero las preguntas y contestar la más fácil. Bendito Dios, a mí todas me parecieron fáciles después de leerlas y… ¡ZAZ! Saqué 100 puntos! (los únicos que creo que saqué en toda mi vida prevocacional –creo-)

No negaré que fue una gran satisfacción… hasta que, claro, aunado ese triunfo al hecho de haber realizado el bendito trabajo de “¿Quién soy yo?”. Fui semi predilecto de la seño Etelvina y a cada rato me venía preguntando la maestra cosas y todos me miraban con cara de… saber con qué cara me miraban, no muy me acuerdo. ¡Vamos! Eso fue en el, como suele decirse, “buen año” de 1991. Todo marchaba bien… hasta que mi papá decidió comprar la televisión en la casa ¡y a colores!

En ese entonces no teníamos televisión, pero esa será otra historia.

Talvez no fue muy entretenida, pero si memorable... por lo menos para mí.

Los quiero a tod@s.

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