Escarmiento

Honestamente, no recuerdo bien por qué fue.
Seguramente, algo malo tuvimos que haber hecho o, peor aún, alguien ha de haber hecho algo malo, realmente malo (muy malo) –aunque para estos días, seriamente estúpido- para que nos pusieran a hacer lo que en esa mañana nos pusieron a hacer.

Recuerdo que al día siguiente de que nos pusieron a hacer eso que estoy contando, todos se quejaban de harto dolor. Ese dolor serio que le entra a uno alrededor de los huesos y que se precia de intocable, porque cuando a uno lo tocan, ahí donde duele, simplemente, no se aguanta.

Tampoco recuerdo si ese día estaba claro o estaba nublado. Pero lo más seguro es que había bastante calor o, por lo menos, todos estábamos hiper acalorados por lo que había pasado. Pero creo que no llovió, porque, si mal no estoy, no era día de invierno. En esos años la temporada no estaba tan loca como lo ha estado por estos días: hoy llueve, mañana sol, pasado sombra, después calor y, de ahí, frío. Uno no entiende.

Pues bien, al que si recuerdo, pero no recuerdo (porque lo recuerdo a él, a lo lejos, pero no recuerdo su nombre) era a un gordito, bien gordito, blanco, pelo corto con voz firme, y también al “Quiché”. El Quiché tenía planta de indígena, sí, pero no le decíamos así porque así queríamos decirle, sino porque así era su apellido. De esos apellidos que cazan bien con la persona.

Insisto, esa mañana – porque, efectivamente fue de mañana- nos tocaba la clase de educación física, con el Diablo. De hecho, ya habíamos pasado la clase de física, es más, algunos ya se habían puesto el pantalón gris “Oxford” de tela adquirida en “Novatex” propio del uniforme, cuando nos pusieron a hacer aquello de lo que hoy hablamos.

Ese Diablo se dio gusto esa mañana que se me ha quedado trabada en la distancia.

Pero, también honestamente, no recuerdo bien en qué consistió aquello. Pero sí recuerdo que fue una tarea física ardua, bastante dura, durísima para mejor decir. Tampoco estoy seguro si nos pusieron a alguien para dirigirnos o no nos lo pusieron. Y tampoco estoy seguro en mi memoria si ese alguien fue de otro grado o era mujer. Lo siento, no me acuerdo.

Pero sí sé, y lo sé muy bien, que después de las más de 200 sentadillas que nos pusieron a hacer por no sé qué cosa aquella mañana después de la clase de Física en el Martínez Durán, justo antes de la hora de salida, después de ese castigo, para ese entonces muy doloroso, algunos estaban llorando, otros maldiciendo y, los más reservados, como yo, imaginando que, con ese calor y castigados por ese mísero Diablo, seguro que habíamos conocido, a base de dolores musculares, un poquito lo que era, en aquéllos días, el infierno.

Saludos a mis compañeros, y no a las compañeras, porque no fueron ellas a las que les tocó el recuerdo del castigo.

Pero abrazo para tod@s.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Jajajaja!!!
Si que me mate de la risa leyendo tus memorias.
Wow, me acorde de como yo siempre hacia que Dorothy hiciera todas las sentadillas y las otras se llaman crunches en ingles (disculpa pero no recuerdo como se dice en espanol, ya se vas a criticarme, pero que hago ps, no me acuerdo?) se hacen con el estomago y estas acostado en el piso? te lo dejo de tarea para que me recuerdes!!!!
Dorotea te acordas? ksi que siempre me sakbas a mi pobre madre! jajaja