¡Caramba! Va siendo ya la una de
la madrugada del martes de Pascua de este año 2020. Sin duda será recordado
como “el año del coronavirus”. Por fortuna, yo me encuentro “aguantando la
cuarentena” y no “a una cuarentona” que me saqué de mis casillas. Aquí estoy,
pues, refugiado en mi humilde cuchitril, unido al gremio de varones que, luego
de sendos fracasos conyugales, no han tenido más que quedar arrinconados en un
cuartito que sirve como santuario de paz, que, al final, es lo importante
¿verá?
Bien. Aprovechando el tiempo que
me da la mentada cuarentena y el estatus oficial de desempleado burocrático, me
encontraba ‘educándome’ con cursos virtuales para el auto-crecimiento
profesional y volver a la “normalidad” más y mejor preparado para enfrentar los
retos y las crisis. Por ello repasaba la enseñanza en temas de blogging, lo que me llevó a buscar y
repasar mis antiguos escritos descoloridos guardados “en la nube” desde hace, ya,
trece primaveras. ¡Ah, caray!
Fue inevitable: el tiempo me
atrapó de nuevo en aquéllos textos, en los cuales el mismo tiempo me había
atrapado para contar unas –ahora viejas-memorias de mis años –y los suyos- de
estudiante. “elvuelosubmarino.blogspot.com” y “martinezduran9193.blogspot.com”
guardan, desde aquélla fecha, algunos recuerdos de sucesos que marcaron mi vida
y acompañaron también a mi generación.
Como quien dijo “nada”, hablaba
de recuerdos que tenían quince años de distancia… ahora ya suman 28… y no he
podido evitar comenzar un nuevo viaje de letras y, ojalá, recuerdos, con tal de
reunir, aún en la distancia, a quienes estuvieron conmigo en aquéllos años y me
ayudaron a construir mi historia juvenil.
Cuando comencé a escribir estas “memorias”,
pretendía contar un poco de mi historia de manera cronológica. Quería escribir recuerdos
desde 1991 a 1993, en orden, sin mezclar recuerdos de cada años ¿me doy a
entender? Poco a poco, al parecer, lo estaba consiguiendo… pero, ahora que
vuelvo a buscar en las imágenes mentales que creo guardar, ya casi no las
encuentro.
Sin embargo, hay un suceso
interesante de aquél “buen año” de 1991: el “Centro de Integración Familiar”, a
través de sus capacitadores, llegó a darnos conferencias “especiales” a nuestro
salón de clases. Para aquéllos años, se requería de gente especializada para
hablar de temas ‘delicados’ que no podríamos esperar que fueran tratados por
nuestras “maestras guías”. La información de ‘calidad’, tal vez, sólo podía
encontrarse en sendas enciclopedias que le llegaban a ofrecer a nuestros padres:
sudorosos vendedores de puerta en puerta, ataviados con corbatas llamativas
sobre camisas de manga corta, y dando la tradicional ventaja de pagar tremendo
conocimiento por abonos. Por esa razón,
era necesaria la presencia de otra gente en nuestra clase que nos llegara a
hablar de esos “otros temas” necesarios, en tiempos en que a los jóvenes
pubertos les comienzan a adolecer las hormonas, sino es que a hervir.
Pues allí estaba el señor canoso,
piel blanca y lentes redonditos, suéter de abuelito, color gris, dibujando en
el enorme pizarrón verde, con “fino” detalle, los órganos copuladores y reproductivos
masculino y femenino, frente a los ojos esquivos de polluelos y jovencitas que
preferían hacerse los locos con el tema, pero ¡bien que le prestaban
atención!
Aquella mañana, yo estaba sentado
en la parte central trasera del salón de clases. Por esos días me encontraba
sumergido en la lectura de un libro que unos testigos de Jehová le habían
regalado a mi mamá y que era parte de la insípida biblioteca de la casa: “Los
jóvenes preguntan”. Y tenía mucha curiosidad por un tema clásico para mí época: la masturbación.
Mi competencia comprensiva de la
lectura era tal… que no lograba entender a qué se refería con eso de ‘la
masturbación’. No sabía… no entendía qué era aquello. ¿Es posible? Sí. Era posible!
Pues, bien, ya que se hablaba del
“desarrollo” y tremendo falo y colosal vulva estaba dibujada en la pizarra, al
viejito expositor se le ocurrió decir: “¿alguna pregunta jóvenes?” Y el
silencio era absoluto.
Algo en mi interior, la
curiosidad, el deseo de sabiduría, la necesidad de llenar de conocimiento mi
ser, me dijo a mí mismo: “ahora es cuando” y, aunque ciertamente no se estaba
hablando del tema, viene don Coca Monzón, decidido, sin pensar en lo arriesgado
y temerario del impulso que lo imbuía, sin apenas calcular las consecuencias de
aquélla acción, levanta la mano y eleva la voz en medio de aquél silencio
sepulcral y, sin corta pisas ni evasivas, pregunta:
...“disculpe, ¿qué es la masturbación?
...“disculpe, ¿qué es la masturbación?
El hombre dentro del suéter de
abuelito, poco a poco dejó de ser blanco y su rostro comenzó a colorearse de un
rojizo extremo. Todas las miradas de los presentes, al mismo tiempo, y a la
misma velocidad, se encontraron en un mismo punto situado en la parte central
trasera del salón de clases. El ruido que hicieron todos los cuellos
volteándome a ver es tan imposible de describir como de olvidar. Las miradas de
todos y todas acompañadas de aquéllos segundos eternos de silencio mortífero
fueron más profundos que los de este toque de queda que vivimos hoy…
-eeeehhhh… pues… vea… es… es una buena pregunta, fíjese. La
masturbación es la forma como uno se auto complace para satisfacer su propio
deseo… ¡eso! ¡Eso es! No hay más dudas, ¿verdad, jóvenes?
¿Qué puedo decir? Tenía 12 o 13
años para ese tiempo. Volví a mi casa, cerré mi libro, y mejor esperé a que la
vida me enseñara qué jocotes era eso del “propio deseo autocomplaciente” que me
dejó más dudas que respuestas y que hoy me atrevo a confesarles.
Y, bueno, en esta soledad, vale
la pena poner en práctica lo que la vida te enseña.
Salud para tod@s mis querid@ cuarentones encuarentenados!

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